Todo sobre el dogo argentino - carácter y cuidados

Puntos clave

  • Una raza dominante, con un fuerte instinto de presa, que necesita un dueño con experiencia; sin un manejo constante y una socialización temprana, ambos rasgos se convierten en problemas serios de control.
  • La sordera relacionada con la pigmentación afecta aproximadamente al 10% de la raza; pide siempre a los criadores los resultados de la prueba BAER antes de comprar un cachorro.
  • El pelaje completamente blanco no ofrece protección frente a los rayos UV; limita la exposición al sol en verano y haz que un veterinario evalúe cualquier enrojecimiento recurrente de la piel.
  • Con 35-45 kg y un carácter fuerte, esta raza requiere un compromiso de por vida con el adiestramiento, no solo clases de obediencia durante la etapa de cachorro.
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    El Dogo Argentino es un perro de caza grande y blanco desarrollado en Argentina en la década de 1920 para la persecución de presas mayores, como el jabalí y el puma. Detrás de su apariencia imponente hay un perro de trabajo leal e inteligente, pero con un fuerte instinto de presa y un carácter dominante que requiere un manejo experimentado desde el principio.

    La raza de un vistazo

    Altura: 60–68 cm  |  Peso: 35–45 kg
    Pelaje: Corto, liso, blanco (se permite una mancha oscura en la cabeza)
    Origen: Argentina  |  Grupo FCI: 2 (razas molosoides)
    Esperanza de vida: 10–12 años

    Historia

    La raza fue desarrollada por el Dr. Antonio Nores Martinez a partir de la década de 1920 en Córdoba, Argentina. Partiendo del ya extinto perro de pelea cordobés (Perro de Pelea Cordobés), introdujo sangre de Gran Danés, Pointer, Boxer y Bull Terrier, entre otros, para crear un perro con la potencia física necesaria para enfrentarse a piezas de caza mayor junto a un equipo de caza y con el temperamento adecuado para ser manejado por un cazador humano.

    Martinez publicó el primer estándar de la raza en 1928. Murió en un accidente de caza en 1956; su hermano Agustin continuó el programa de cría. La FCI concedió al Dogo Argentino el reconocimiento oficial en 1973.

    Carácter y temperamento

    El Dogo Argentino es seguro de sí mismo, valiente y profundamente leal a su familia. Son perros hechos para trabajar; no son animales de compañía pasivos y no encajan bien con un propietario que no haya manejado antes una raza de trabajo dominante.

    Con un manejo constante son cariñosos, tranquilos en casa y realmente entregados. Sin ello, su dominancia natural y su fuerte instinto de presa generan problemas difíciles de revertir en la edad adulta. La socialización temprana y completa, junto con una rutina diaria estructurada, no son opcionales en esta raza.

    Características físicas

    Grande y musculoso, con una cabeza potente y rectangular y un cráneo ancho y bien desarrollado. La mandíbula es fuerte; los ojos son oscuros y expresivos. El pelaje es corto, denso y uniformemente blanco. El estándar de la raza permite una mancha oscura en el cráneo siempre que no cubra más del 10% de la cabeza.

    El pelaje completamente blanco prácticamente no ofrece protección UV. Las quemaduras solares en las orejas, la nariz y el vientre son una preocupación práctica real en perros que pasan mucho tiempo al aire libre bajo un sol intenso.

    Cuidado del pelaje e higiene

    El pelaje corto requiere poco mantenimiento. Un cepillado semanal elimina el pelo muerto; bañarlo cada cuatro a seis semanas mantiene la piel y el pelaje limpios. Como el pelaje es blanco, las manchas de hierba y barro se notan, y algunos propietarios lo bañan con más frecuencia por motivos estéticos.

    Revisa las orejas semanalmente y límpialas cuando haya suciedad u olor. Recorta las uñas cada tres o cuatro semanas; las uñas demasiado largas en un perro de este tamaño afectan a la marcha y sobrecargan las articulaciones. Cepilla los dientes a diario con una pasta dental específica para perros.

    En verano, limita la exposición directa al sol durante las horas centrales del día. Ante el primer signo de enrojecimiento en las orejas o la nariz, consulta con tu veterinario sobre protección solar y seguimiento.

    Socialización

    El Dogo Argentino tiene un temperamento naturalmente dominante y un fuerte instinto de presa. Sin una socialización intencionada desde cachorro, la agresividad hacia perros del mismo sexo y el comportamiento depredador hacia animales más pequeños son resultados previsibles.

    Empieza la socialización antes de las doce semanas y mantenla de forma constante durante los dos primeros años. Los encuentros controlados y positivos con distintas personas, perros y entornos durante la etapa de cachorro sientan la base para un perro adulto manejable en público. Un Dogo que no ha sido socializado no es simplemente difícil de manejar; con 35–45 kg puede causar lesiones graves.

    Adiestramiento

    Es inteligente y capaz de aprender rápido, pero no es naturalmente sumiso. El adiestramiento requiere un liderazgo seguro y constante, además de una estructura clara de recompensas. Los métodos de refuerzo positivo funcionan bien cuando se aplican con constancia; los enfoques basados en el castigo tienden a generar actitud defensiva en lugar de obediencia en las razas dominantes.

    Empieza el adiestramiento en obediencia lo antes posible, trabaja una llamada fiable y continúa durante toda la vida del perro. La orientación profesional es una inversión sensata, especialmente para quienes tienen por primera vez una raza grande y dominante.

    Condiciones de vida

    Una casa con un jardín bien vallado es el mínimo práctico. Son perros activos y poderosos que necesitan espacio para moverse. Un apartamento solo es viable si el propietario se compromete a proporcionar dos o más horas de ejercicio real al día y el perro tiene un temperamento tranquilo y equilibrado, resultado de una socialización y un adiestramiento completos.

    El Dogo quiere estar cerca de su familia y no lleva bien el aislamiento durante largos periodos. La ansiedad por separación en un perro de este tamaño y fuerza tiene consecuencias reales.

    Salud

    El Dogo Argentino presenta dos riesgos hereditarios de salud bien documentados, además de una sensibilidad relacionada con el pelaje.

    Sordera relacionada con la pigmentación. La misma genética que produce el pelaje blanco está vinculada a una pigmentación reducida en el oído interno. Aproximadamente el 10% de los Dogo Argentinos son sordos de uno o ambos oídos [1]. Los criadores responsables evalúan las camadas con una prueba BAER (respuesta auditiva evocada del tronco encefálico) antes de entregar los cachorros. Pide siempre los resultados de la BAER.

    Displasia de cadera. Una afección del desarrollo en la que la articulación de la cadera se forma de manera incorrecta, lo que provoca laxitud, dolor y enfermedad articular degenerativa con el tiempo [2]. La evaluación radiográfica OFA o equivalente de ambos progenitores antes de la cría reduce el riesgo en la descendencia. Pide a cualquier criador los resultados de las pruebas.

    Dermatitis solar. El pelaje blanco no ofrece protección de melanina. La exposición prolongada al sol puede causar inflamación cutánea crónica en las zonas expuestas, especialmente en las orejas y la nariz. Los perros con enrojecimiento recurrente en estas zonas deben ser evaluados por un veterinario tanto por daño UV como por cualquier cambio secundario.

    Presta atención a estas señales

    Un cachorro que no responde al sonido o solo se sobresalta cuando te ve: solicita una prueba BAER antes de completar la compra. Rigidez en las patas traseras o reticencia a levantarse después del descanso: haz una radiografía de las caderas. Enrojecimiento repetido de la piel en las orejas o la nariz: consulta con tu veterinario sobre control UV y evaluación.

    Esperanza de vida

    El Dogo Argentino suele vivir entre 10 y 12 años. Las variables que más influyen en la longevidad son el control del peso (el exceso de peso acelera la degeneración articular), las revisiones veterinarias periódicas y el ejercicio diario adecuado para mantener la salud cardiovascular y musculoesquelética.

    Dieta y nutrición

    Una raza grande, musculosa y activa necesita una dieta con suficiente proteína y grasa para mantener la masa muscular y una energía sostenida. Un alimento formulado para razas grandes es apropiado; estos están ajustados a las tasas de crecimiento más lentas y a la carga articular propias de la fisiología de las razas grandes.

    Divide la ración diaria en dos comidas en lugar de dar una sola al día. Las razas grandes de pecho profundo tienen un mayor riesgo de dilatación-torsión gástrica; dos comidas más pequeñas, y evitar el ejercicio intenso en la hora anterior y posterior a la comida, reduce este riesgo aunque no lo elimina.

    Nutrición pensada para razas grandes y activas

    La comida para perros IMBY aporta proteína de alta calidad y ácidos grasos esenciales adecuados para las necesidades energéticas diarias de las razas grandes de trabajo.

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    Ejercicio

    Al menos una a dos horas de ejercicio intenso al día. Los paseos largos, correr, el rastreo y los deportes caninos estructurados encajan bien con el origen de trabajo de la raza. El Dogo necesita tanto desafío físico como mental; un perro que solo hace ejercicio físico y no realiza actividades con un objetivo encontrará su propia vía de escape para esa energía mental.

    Evita el ejercicio de alto impacto, como los saltos repetitivos o correr sobre superficies duras, en perros menores de dieciocho meses. El esqueleto todavía se está desarrollando a esa edad, y una carga articular excesiva en esta etapa contribuye a las afecciones de displasia a las que la raza ya está predispuesta.

    Referencias

    [1] Strain GM. Deafness prevalence and pigmentation and gender associations in dog breeds at risk. Vet J. 2004;167(1):23–32.

    [2] Smith GK, Gregor TP, Rhodes WH, Biery DN. Coxofemoral joint laxity from distraction radiography and its contemporaneous and prospective correlation with laxity, subjective score, and evidence of degenerative joint disease from conventional hip-extended radiography in dogs. Am J Vet Res. 1993;54(7):1021–42.

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