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¿La alfalfa es mala para los caballos? Once objeciones, y las dos que sí se sostienen
¿La alfalfa es mala para los caballos? Once objeciones, y las dos que sí se sostienen
Puntos clave
- Of the eleven objections commonly raised against alfalfa, only two survive contact with the research.
- The claim that alfalfa makes horses hot runs against the only controlled trial to test it, where the alfalfa-fed ponies were the calm group at matched energy intake.
- The gastric concern attaches to coarse alfalfa chaff fed in kilos, not to pellets or long hay, so the form of the product matters more than the plant.
- For insulin-dysregulated horses the variable is grams of protein per meal, so swapping alfalfa for another protein source at the same dose changes nothing.
Entra en cualquier cuadra y menciona la alfalfa. Alguien te dirá que pone nerviosos a los caballos. Otra persona sacará el tema de los riñones, o del calcio, o de un amigo cuyo caballo castrado tuvo úlceras por la paja picada. Los consejos llegan con total seguridad y casi nunca con una fuente.
La alfalfa (lucerna, si creciste llamándola así) ha acumulado más folclore que cualquier otro forraje. Por eso merece la pena poner las objeciones más comunes junto a la investigación. De las once que circulan, dos se sostienen. El resto o bien no tiene pruebas detrás o, en dos casos llamativos, tiene pruebas que apuntan justo en la dirección contraria.
¿La alfalfa pone nerviosos a los caballos?
Esta es la gran pregunta, y también la objeción con la base más débil.
Nadie ha hecho nunca un estudio en el que se cambiara la proteína de la dieta de un caballo y luego se midiera su comportamiento. Ni uno. Lo que sí se ha estudiado es el almidón, el tipo que encuentras en los cereales y en el pienso concentrado. Bulmer et al. (2019) trabajaron con diez ponis galeses y dieron a cada uno dos dietas por turnos, de modo que cada poni sirvió como su propia comparación. Una dieta era heno más alfalfa deshidratada. La otra era heno más un pienso compuesto rico en almidón. Ambas aportaban la misma cantidad de energía al día, así que la única diferencia real era fibra frente a almidón.
Con la dieta rica en almidón, los ponis cambiaban de paso con más frecuencia, pasaban menos tiempo explorando su entorno, se asustaban con más facilidad ante cualquier novedad y los observadores los calificaban como tensos y nerviosos. Sus bacterias intestinales cambiaron al mismo ritmo: menos de las que descomponen la fibra y más de las que producen ácido láctico.
Los ponis que comían alfalfa eran los tranquilos. Con la misma ingesta de energía. Eso es lo más parecido a una prueba directa de “la alfalfa los pone nerviosos” que existe, y va en contra de esa afirmación.
Hay dos cosas que sí se sostienen, y ninguna es culpa de la planta. La alfalfa aporta aproximadamente una quinta parte más de energía por kilo que un heno medio. Si cambias una por otro kilo por kilo en la ración de un caballo con trabajo ligero, has aumentado en silencio su ingesta de energía entre un 15 y un 25%. Esa energía va a algún sitio.
Melaza y la cifra que de verdad importa
La segunda es la melaza. El porcentaje impreso en el saco dice menos de lo que parece, porque lo que llega a tu caballo es ese porcentaje multiplicado por la cantidad que das.
Mira las cifras de un fabricante. Una alfalfa picada estándar ronda el 12% de azúcar. La versión sin melaza del mismo producto ronda el 4,5%. Si das dos kilos de la versión endulzada, entran en tu caballo unos 240 g de azúcar. Dos kilos de la versión simple aportan 90 g. Como el azúcar y el almidón son las cosas con un efecto demostrado sobre el comportamiento, la melaza es una sospechosa mucho más probable que la alfalfa a la que va pegada.
Para ser claros con el nuestro: ESTE Balancer contiene un 3% de melaza de remolacha y alrededor de un 4% de azúcar total. La dosis diaria completa para un caballo de 500 kg es de 250 g, así que el azúcar que aporta suma aproximadamente 10 g. Dale a tu caballo una manzana mediana y acabas de darle casi el doble. Si lo comparas con dos kilos de alfalfa picada con melaza, es más o menos una vigesimotercera parte; y frente a un día medio de heno, alrededor del 1%.
La cifra que cuenta
No existe un porcentaje mágico a partir del cual la melaza se vuelve perjudicial, y quien te dé uno está adivinando. Lo que importa son los gramos al día en toda la ración. En un caballo con un problema metabólico, el objetivo habitual es mantener juntos el azúcar y el almidón por debajo de aproximadamente el 10% de todo lo que come en un día, y eso se decide por lo que das por kilos, es decir, heno, paja picada y pienso concentrado, no por lo que das a cucharadas. El ingrediente es el mismo. La dosis no es la misma conversación.
Las objeciones que no se sostienen
La proteína daña los riñones. Ningún ensayo de alimentación, ningún estudio de tejidos y ninguna prueba de función renal ha mostrado jamás que una dieta alta en proteína perjudique a los riñones sanos en caballos. Miller y Lawrence (1988) dieron a yeguas dietas con 12,9% frente a 18,5% de proteína y no encontraron señales de daño. Oliveira et al. (2015) dieron a 24 caballos deportivos cuatro niveles distintos de proteína. Los caballos eliminaron más nitrógeno por la orina, exactamente como cabría esperar, y eso no cambió en nada su equilibrio hídrico. La preocupación llegó desde las dietas humanas, donde esa idea en gran medida ya se ha abandonado. Donde sí conviene tener cuidado es en un caballo que ya tiene enfermedad renal o hepática, y ahí la preocupación es real.
La relación calcio:fósforo es peligrosa. La alfalfa aporta una relación amplia, no una invertida, y esa diferencia es justo donde esta afirmación se cae. Los caballos adultos toleran relaciones muy por encima del clásico 1,5:1 a 2:1, siempre que reciban suficiente fósforo en términos absolutos. Esa condición lo explica todo. Una relación amplia solo se vuelve problemática si has llegado ahí por dar muy poco fósforo. Y la “cara hinchada”, la enfermedad en la que piensa la gente cuando menciona esto, está causada justo por lo contrario: muy poco calcio junto con demasiado fósforo, o ciertas gramíneas tropicales que bloquean el calcio y evitan que el caballo lo absorba. La alfalfa es el tratamiento para la “cara hinchada”, no la causa.
La alfalfa causa agua fecal libre. El único estudio que comparó caballos afectados con caballos sanos encontró lo contrario. Lindroth et al. (2021) compararon 50 caballos afectados con 50 controles en 50 explotaciones. Los caballos afectados comían menos alfalfa, menos paja, menos proteína utilizable y menos fibra estructural, y aproximadamente el doble de pienso concentrado para su peso corporal. Todos los hallazgos relevantes apuntaban en la misma dirección. Si las heces de tu caballo han cambiado, nuestra guía sobre el síndrome del agua fecal es un mejor punto de partida que retirar la alfalfa.
La proteína causa problemas articulares en caballos en crecimiento. La afección a la que se refieren aquí es la osteocondrosis, normalmente abreviada como OCD, en la que el cartílago no se forma bien en las articulaciones de un caballo joven. Savage y sus colegas (1993) dieron a potros mucha más proteína de la recomendada y no encontraron ningún daño en el cartílago. Lo que sí causó el daño en esos mismos experimentos fue demasiada energía. La proteína no era la culpable.
Alfalfa y úlceras: la respuesta depende de la forma
Aquí tenemos la primera objeción que sí se sostiene, aunque no de la manera en que suele repetirse.
El estómago de un caballo tiene dos mitades, y la alfalfa las afecta de forma distinta.
- La mitad superior tiene un revestimiento fino y sin una defensa real contra el ácido, y es donde aparece la mayoría de lo que los propietarios llaman úlceras.
- La mitad inferior es donde se produce el ácido, y su revestimiento es más grueso y está preparado para soportarlo.
Para la mitad superior, la evidencia sobre la alfalfa es buena. Nadeau et al. (2000) prepararon a seis caballos para poder tomar muestras directas del contenido del estómago y luego les dieron, por turnos, alfalfa con un poco de cereal o heno de gramíneas solo. Con alfalfa, el ácido era mediblemente menos fuerte durante las primeras cinco horas tras la comida, y esos caballos tenían menos úlceras y más leves en esa zona. Bäuerlein et al. (2020) hicieron la versión más ordenada de esta prueba, dando heno de alfalfa frente a heno de pradera en cantidades iguales y con una longitud de picado parecida, sin que los evaluadores supieran qué había comido cada caballo. La mitad superior volvió a mejorar con la alfalfa.
La mitad inferior es donde cambia la historia. Cuatro líneas de investigación distintas relacionan la alfalfa picada de corte grueso, dada en grandes cantidades, con daño en la parte baja del estómago. El estudio más útil es el de Vondran et al. (2016). Setenta potros destetados recibieron la misma cantidad de proteína, aportada bien como alfalfa picada gruesa, bien como pellets de alfalfa, o bien como heno de gramíneas. El grupo de la alfalfa picada salió claramente peor. El grupo de pellets salió limpio.
Qué significa esto en la práctica
La alfalfa es buena para la mitad superior del estómago, donde mantuvo el ácido menos fuerte durante unas cinco horas tras la comida. El problema apareció en la mitad inferior, y siguió a la forma de picado más que a la planta. Los caballos que comían kilos de alfalfa picada gruesa desarrollaron más lesiones en esa zona. Los caballos que comían la misma planta, y la misma proteína, en forma de pellets o de heno normal no las desarrollaron. Si das alfalfa, la forma que hay en el saco importa más que el nombre de la planta.
Ten cuidado con el peso que le das a todo esto. La ventana de cinco horas es más o menos lo que dura un antiácido, no un día entero, y en ese estudio la alfalfa iba acompañada de un poco de cereal, así que es difícil separar una cosa de la otra. Nadie ha medido todavía en un caballo, de forma directa, la capacidad de la alfalfa para amortiguar el ácido frente al heno de gramíneas. Por el otro lado, la explicación propuesta para el daño en la parte baja, que los fragmentos gruesos raspan e irritan el revestimiento, nunca se ha demostrado. Es una teoría que los investigadores plantearon para dar sentido a sus propios resultados. El estudio de seguimiento en caballos adultos, el que se cita con más seguridad de todos, no produjo un resultado sólido en el punto que todo el mundo menciona. Y el estudio que resolvería la cuestión nunca se ha hecho: heno frente a picado frente a pellets, en los mismos caballos, en un solo ensayo.
Insulina: un hallazgo real que no es un problema de la alfalfa
Si miras solo el azúcar, la alfalfa es una opción más segura que la mayoría de los henos de gramíneas, con aproximadamente un 8,8% de azúcar y un 1,3% de almidón. Pero Loos et al. (2022) encontraron algo que las cifras de azúcar no muestran. Dieron a dieciséis yeguas, ocho de ellas con un problema de insulina, pellets de alfalfa o un suplemento proteico comprado en tienda, ajustados para que ambas comidas aportaran la misma proteína. Las yeguas con el problema de insulina produjeron un pico de insulina mucho mayor que las sanas. Su glucosa en sangre no subió en absoluto. Esa combinación apunta a que la proteína impulsaba la insulina, no el azúcar.
Los clínicos que pasaron veinte años diciendo que algunos de sus caballos resistentes a la insulina reaccionaban a la alfalfa tenían razón. La razón no era la que daban.
La conclusión no es “evita la alfalfa”, eso sí. El estudio encontró que la fuente de proteína no marcaba ninguna diferencia. El suplemento comprado en tienda hizo exactamente lo mismo con la misma dosis de proteína. Lo que importa es cuántos gramos de proteína acaban en un solo cubo, no de qué planta proceden. Un equilibrador a base de soja se comporta de la misma manera. Para un caballo con un problema de insulina, dar tomas más pequeñas repartidas a lo largo del día ayuda más que cambiar una fuente de proteína por otra. Para hacerte una idea de la dosis implicada: en el estudio dieron 125 g de proteína en una sola comida a un caballo de 500 kg. Si estás manejando una yegua sensible al azúcar, nuestra guía sobre la alimentación con riesgo de laminitis cubre la parte práctica.
Qué preguntar antes de eliminarla
Si alguien te dice que su caballo no tolera la alfalfa, la primera pregunta útil es en qué forma, y cuánto. Dos kilos de picado grueso y una cucharada en un equilibrador son cosas completamente distintas, y casi todas las pruebas preocupantes se refieren a lo primero.
La segunda pregunta es si el producto contiene melaza y, si la contiene, a cuántos gramos de azúcar equivale en la cantidad que realmente das.
Nuestro propio ESTE Balancer contiene una cantidad modesta de alfalfa, unos 50 g en una dosis diaria para un caballo de 500 kg. La dosis completa aporta unos 29 g de proteína, aproximadamente una cuarta parte de los 125 g en una sola comida que produjeron la respuesta de insulina en ese estudio, y la proporción se mantiene igual en cualquier peso corporal porque la dosis se ajusta al caballo. Además, no es picado grueso. No vamos a decirte que esa pequeña cantidad hace algo extraordinario por el estómago de tu caballo, porque los estudios que muestran un beneficio daban entre 5 y 10 kg al día y nadie ha probado unos pocos cientos de gramos. Lo que la evidencia sí respalda es algo más concreto y útil: no hay motivo para pensar que una pequeña cantidad de alfalfa haga daño, y la mayor parte de lo que has oído sobre la planta describe un producto distinto a una escala completamente diferente.
ESTE Balancer
Un equilibrador diario de vitaminas y minerales desarrollado por la veterinaria equina Dra. Sara Torfs, creado para cubrir las carencias de las dietas basadas en forraje. Bajo en azúcar y almidón, con una pequeña inclusión de alfalfa.
Referencias
Bäuerlein, V., Sprinzl, G. F., Glitz, F., & Vervuert, I. (2020). Effects of feeding alfalfa hay in comparison to meadow hay on the gastric mucosa in adult Warmblood horses. Pferdeheilkunde, 36(1). https://doi.org/10.21836/PEM20200105
Bulmer, L. S., Murray, J.-A., Burns, N. M., Garber, A., Wemelsfelder, F., McEwan, N. R., & Hastie, P. M. (2019). High-starch diets alter equine faecal microbiota and increase behavioural reactivity. Scientific Reports, 9, 18621. https://doi.org/10.1038/s41598-019-54039-8
Lindroth, K. M., Johansen, A., Båverud, V., Dicksved, J., Lindberg, J. E., & Müller, C. E. (2021). Differential defecation of solid and liquid phases in horses. Animals, 11(9), 2552. https://doi.org/10.3390/ani11092552
Loos, C. M. M., McLeod, K. R., Vanzant, E. S., Stratton, S. A., Bohannan, A. D., Coleman, R. J., van Doorn, D. A., & Urschel, K. L. (2022). Differential effect of two dietary protein sources on time course response of muscle anabolic signaling pathways in normal and insulin dysregulated horses. Frontiers in Veterinary Science, 9, 896220. https://doi.org/10.3389/fvets.2022.896220
Miller, P. A., & Lawrence, L. M. (1988). The effect of dietary protein level on exercising horses. Journal of Animal Science, 66(9), 2185-2192. https://doi.org/10.2527/jas1988.6692185x
Nadeau, J. A., Andrews, F. M., Mathew, A. G., Argenzio, R. A., Blackford, J. T., Sohtell, M., & Saxton, A. M. (2000). Evaluation of diet as a cause of gastric ulcers in horses. American Journal of Veterinary Research, 61(7), 784-790. https://doi.org/10.2460/ajvr.2000.61.784
Oliveira, C. A. A., Almeida, F. Q., Vieira, A. A., Costa, C. E., & Almeida, M. I. V. (2015). Nitrogen balance and digestibility in horses fed diets with different protein levels. Journal of Animal Science, 93(1), 229.
Savage, C. J., McCarthy, R. N., & Jeffcott, L. B. (1993). Effects of dietary energy and protein on induction of dyschondroplasia in foals. Equine Veterinary Journal Supplement, 16, 74-79.
Vondran, S., Venner, M., & Vervuert, I. (2016). Effects of two alfalfa preparations with different particle sizes on the gastric mucosa in weanlings. BMC Veterinary Research, 12, 110. https://doi.org/10.1186/s12917-016-0733-5



