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La laminitis en los caballos: síntomas y señales
La laminitis en los caballos: síntomas y señales
Puntos clave
- La laminitis es el deterioro de las láminas que conectan el hueso tejuelo con la pared del casco, y una vez que se produce ese daño estructural no puede revertirse, así que detectar la enfermedad a tiempo es fundamental.
- Existen tres formas: laminitis endocrinopática por desregulación de la insulina, laminitis relacionada con sepsis desencadenada por enfermedades como el cólico o una placenta retenida, y laminitis de apoyo por sobrecarga de una pata sana.
- Los cascos calientes en reposo y un pulso digital fuerte que puedes notar con tres dedos sobre la arteria del menudillo son señales de alerta temprana que puedes comprobar en segundos, mucho antes de que un caballo parezca cojo.
- Una vez que un caballo muestra la postura clásica de la laminitis, fiebre o sudoración, trátalo como una emergencia. Llama al veterinario, detén el ejercicio, enfría los cascos y saca al caballo del pasto de inmediato.
A menudo puedes detectar que la laminitis se acerca antes de que el caballo cojee de forma visible. Ese margen, entre “algo no va bien” y “este caballo no puede caminar correctamente”, es donde la intervención temprana marca la verdadera diferencia. Saber qué debes notar lo es todo.
Serie sobre la laminitis
Lee los otros artículos: Síntomas y señales tempranas · Tratamiento y apoyo · Prevención
Qué es la laminitis y por qué empeora
El nombre sugiere inflamación y, en algunos casos, eso es correcto. Pero el mecanismo depende del desencadenante. La forma más común, en caballos en pastos de primavera o tras acceder al grano, no es en absoluto principalmente una enfermedad inflamatoria.
La laminitis describe un fallo de las láminas: las capas de tejido que anclan la tercera falange al interior de la pared del casco. Cuando esta conexión se deteriora, la tercera falange pierde su soporte. En casos graves o prolongados, puede rotar hacia abajo o, en los peores desenlaces, hundirse por completo a través de la suela. Ese daño estructural es irreversible. El proceso subyacente sí puede tratarse. Precisamente por eso es tan importante detectarla a tiempo.
La investigación actual distingue tres formas. La más común es la laminitis endocrinopática, impulsada por la desregulación de la insulina: una insulina crónicamente elevada altera la adhesión celular dentro de las láminas a través de vías metabólicas, no mediante la inflamación clásica. La segunda es la laminitis relacionada con sepsis, en la que una enfermedad sistémica (una placenta retenida, un episodio grave de cólico, una infección sistémica) desencadena señales inflamatorias que dañan el tejido lamelar. La tercera, la laminitis del miembro de apoyo, se desarrolla en una extremidad que soporta un peso excesivo porque la extremidad opuesta está gravemente lesionada. El mecanismo unificador propuesto en las tres es el estrés en las células epiteliales basales: las células responsables de mantener intacta la conexión lamelar [1].
Las manos soportan más peso del caballo y se ven afectadas con mucha más frecuencia. Los ponis y los caballos con sobrepeso tienen un mayor riesgo de padecer la forma endocrinopática, igual que los caballos con desregulación de la insulina. En la práctica clínica, veo un número significativo de casos desencadenados por algo que ocurrió en otra parte del cuerpo: una placenta retenida, un episodio de cólico o una puerta del cuarto del pienso que quedó abierta durante la noche.
Los primeros signos: en qué debes fijarte y qué debes notar
Los primeros signos son fáciles de pasar por alto porque el caballo sigue moviéndose, sigue comiendo y sigue comportándose de forma relativamente normal. Es en ese momento cuando la mayoría de los propietarios pierden un tiempo valioso.
Cascos calientes
Levanta el casco y sujeta la pared con la mano. Compárala con la de los otros pies. Algo de calor es normal, especialmente después del ejercicio. Lo que debes buscar es un calor significativamente mayor que en los otros cascos, o que persiste cuando el caballo ha estado quieto. El calor bilateral en ambas manos en reposo es una señal que merece tomarse en serio.
Un pulso digital palpable
Esto requiere un poco de práctica, pero es uno de los indicadores tempranos más fiables que existen. Coloca tres dedos sobre la arteria digital, en la cara interna o externa del menudillo. Evita el pulgar: tiene su propio pulso y te dará una lectura falsa. En un caballo sano en reposo, apenas puedes notar el pulso. En un caballo con laminitis temprana, el pulso es fuerte y evidente. La arteria golpea contra tus dedos. Una vez que hayas notado un pulso digital normal y luego uno anormal, no los volverás a confundir. La diferencia es así de clara.
Un paso rígido y tenso
El caballo camina con cuidado. Da pasos cortos, muestra reticencia a girar sobre terreno duro y el movimiento tiene un punto algo vacilante. Aún no es cojera en el sentido clásico (el caballo sigue moviéndose), pero el tranco es claramente más corto y contenido. En círculo, la molestia se hace más evidente.
Conviene saberlo
Comprobar el pulso digital no cuesta nada y lleva diez segundos. Merece la pena convertirlo en una parte rutinaria del manejo de tu caballo, especialmente en primavera o después de cualquier cambio en la dieta. Es mucho más probable que detectes un cambio si sabes cómo es lo normal en ese animal en concreto.
Signos en fases posteriores: esto es una urgencia
Si no se atienden los primeros signos, el cuadro cambia. Ahora el caballo tiene un dolor real, y se nota.
La postura más característica es la postura clásica de la laminitis: manos adelantadas, peso desplazado hacia los posteriores, pinzas ligeramente elevadas para quitar presión de la zona dolorida de la lumbre. Algunos caballos también colocan las manos más separadas entre sí. Están intentando, por todos los medios mecánicos posibles, descargar la parte delantera del casco.
A nivel sistémico, se activa la respuesta al dolor. Puede haber fiebre. El caballo puede sudar, incluso en condiciones frescas. La frecuencia cardiaca aumenta. Son señales de que el proceso inflamatorio es importante y de que el animal necesita alivio del dolor ahora, no más tarde en el día.
Quiero ser directa con algo: en esta fase, el caballo no debería estar esperando una cita programada. Llama a tu veterinario.
Una vez que llegue el veterinario, espera radiografías. Medir el espacio entre la pared del casco y la tercera falange es una de las formas más fiables de confirmar la gravedad y orientar el tratamiento [3].
Qué hacer mientras esperas al veterinario
No fuerces el ejercicio. El movimiento sobre láminas inflamadas puede empeorar el daño estructural. Si el caballo está quieto, deja que permanezca así. Una cama profunda y blanda proporciona cierto alivio de la presión.
Enfría los cascos. Mantenerlos en agua fría o aplicar agua fría con manguera en la parte baja de la extremidad es una de las intervenciones inmediatas más eficaces que existen. Reduce la inflamación local y, en las fases tempranas, puede ayudar a limitar el daño [2].
Retira de inmediato el acceso al pasto y a cualquier alimento rico en azúcar. La hierba, especialmente la hierba tierna de primavera, contiene carbohidratos rápidamente fermentables que pueden empeorar de forma significativa el cuadro metabólico.
Manejo de la laminitis a largo plazo
Una vez controlada la fase aguda, el trabajo pasa al manejo a largo plazo. El control del peso es fundamental en caballos y ponis con laminitis metabólica. Restringir el acceso al pasto, poner un bozal de pastoreo durante al menos diez horas al día y ajustar las raciones de heno son enfoques respaldados por la evidencia [4]. El movimiento adecuado y controlado (una vez que la inflamación aguda se haya resuelto) ayuda a mantener la salud del casco y la circulación.
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La herrería no es opcional. El recorte regular y, en algunos casos, el herraje correctivo forman parte del manejo del caballo durante la recuperación y de la reducción del riesgo de que la rotación avance. Un buen herrador que se comunique con tu veterinario vale su peso en oro.
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Ver suplementos para caballosReferencias
1. Elliott, J. & Bailey, S.R. (2023). A review of cellular and molecular mechanisms in endocrinopathic, sepsis-related and supporting limb equine laminitis. Equine Veterinary Journal, 55(3), 350–375. DOI: 10.1111/evj.13933
2. Avella Lavado, R., Lewis, J. & Montgomery, J.B. (2023). Continuous digital hypothermia for prevention and treatment of equine acute laminitis: A practical review. The Veterinary Journal, 300–302, 106016. DOI: 10.1016/j.tvjl.2023.106016
3. Skelton, G., Acutt, E., Stefanovski, D. & van Eps, A. (2025). Evaluation of digital radiographic measurements for the diagnosis of acute laminitis. Equine Veterinary Journal, 57(4), 931–942. DOI: 10.1111/evj.14436
4. Longland, A.C., Barfoot, C. & Harris, P.A. (2016). Efficacy of wearing grazing muzzles for 10 hours per day on controlling bodyweight in pastured ponies. Journal of Equine Veterinary Science, 45, 22–27. DOI: 10.1016/j.jevs.2016.04.015
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